"Hacía ya un tiempo que aquellos sueños recurrentes habían desaparecido. Todo parecía estar tranquilo de nuevo. Sin embargo la sombra de otras vidas pasadas acechaba como un animal depredador sobre su caza.

Lo único que serenaba su mente eran sus ojos. Dulces y serenos lo acogían dentro de su mirada y le mostraban la belleza de la vida. El amor que ella sentía por él. El amor que él sentía por ella. Sus vidas habian coincidido a lo largo de los siglos, y de nuevo, en un mundo que estaba siendo invadido por la oscuridad y las tinieblas, se habían encontrado. Los sueños le mostraban sus vidas, un caballero Templario, un artista, músico, escritor, ladrón, centurión y saber qué mas... y siempre aparecía aquella sombra que los volvía a separar. Quizá en esta nueva vida, caótica y absurda, a punto de explotar, Jan e Ia por fin puedan descansar en paz."



La Farga de Fusta no es más que un blog en el que recopilo aficiones convertidas en materia palpable y visual. Modelado en Pasta de Madera, dibujos y quizá algo de música y escritura.
Si algo de lo que aparece aquí te puede interesar, te invito a seguir explorando. La mayoría de lo que expongo lo he regalado o realizado por encargo; ahí dejo esta propuesta para aquella persona que que quiera realizar un detalle con otra, pues podría realizar algún pedido.
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martes, 10 de marzo de 2015

Fuego Fatuo

Déspues de mucho tiempo, añado una nueva entrada. Este es un dibujo en blanco y negro, que representa una escena simbólica de la segunda entrega de la Saga Invocatio, de Prisca Nerín: "Canción ambigua de dudas y espejismos".

Es una fotografía, de momento me conformo con esto a esperas de tener un poco de tiempo para hacer un escaneo de la imagen, y limpiarla un poco para que tenga un poco de calidad visual en un ordenador. 



Licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0

lunes, 28 de julio de 2014

La prisión de los locos



Jan y Mel caminaban por las callejuelas del Raval de Barcelona. Era pasada media noche y la actividad de marcha en la zona más bohemia y pintoresca de la ciudad de un viernes, iba en auge. 



-          ¿A dónde me llaves, Jan?

-          ¡A un local que te va a flipar, colega!

-          Pero si estamos sin dinero de nuevo – respondió Mel mostrando a su amigo los bolsillos vacíos – en casa de Pai Mei es gratis, y también es un buen local.

-          Bah… tonterías. Me deben un favor... no nos costará nada. No te preocupes. Además, el chino sólo tiene hojas de plantas secas remojadas en agua caliente… eso nunca me pintó bien, me lo bebo para no ofenderle. Ya sabes… el honor y todas esas chorradas del Feng Shui, pero siempre que puedo me lo guardo en la boca y luego lo echo en esa maceta, la del árbol diminuto que tiene en la tienda. Es mejor para la planta que para mí, crece poco, yo creo que no la riega. ¡Nunca tiene birras en la nevera, tío! ¡¿Te lo puedes creer?! ¿Tú crees que es normal? Y no es un local de copas, sólo tiene rollos de libros, allí no hay ambiente.



Mel iba a contestar y corregir en un par de detalles a su amigo, pero no quiso romper aquel momento, en el fondo tenía razón. Aunque a él si que le solía gustar el té, la mayoría de veces, pues en otras ocasiones le parecía que aquello era peor que tomar lejía con pajita. No porque estuviera malo, sino porque sus papilas gustativas en ocasiones se alteraban de tal manera que percibía los sabores de maneras muy extrañas.



-          ¡Ya hemos llegado!

-          ¿Estás de broma, no?



La entrada al pub no daba mucha confianza. Fuera había un grupo de gente fumando y otro que hacía cola. Había un poco de cada tribu urbana mezclada con gente normal y algunos entre ellos vestían con complementos de ropa de época. El local no tenía desperdicio.



“La prisión de los locos” se llamaba el bar. Una reja metálica con barrotes era la puerta de entrada. Y el ventanal gigante  de seguridad que ofrecía vistas del interior del bar también tenía barrotes. Los cristales eran opacos, con lo que poco se podía ver de lo que ocurría en el interior, salvo por los huecos que ofrecían  algunas frases escritas sobre estos. Se podían leer del revés algunas de ellas, otras se leían desde fuera: “No entres aquí, incauto”, “Márchate, aún estás a tiempo”, “Si incumples las normas serás encerrado de por vida”, “Conseguí escapar, vi el resplandor en otro lugar”, “Veo gente muerta”, “Quédate a jugar con nosotros”, “Hola, Clarice”, “¡Y está vivo!”, “Ven, acá abajo todos flotamos”, “Suena el teléfono y alguien dice: Morirás en siete vidas”, “¿Por qué está preocupada por una simple pesadilla? ... La puerta la custodiaba un segurata de dos metros de altura, cuadrado por todas partes. Vestía con ropa de carcelero hospitalario de los años cuarenta o cincuenta. Y con una porra en la mano y cara de pocos amigos, cacheaba a todo el personal que iba entrando. Todos tenían que enseñar su pase, que llevaban colgado al cuello en una funda de plástico, justo debajo de un texto que podía poner: “Pase de visita”, “Inspector de prisiones”, “Pase de sacerdote”, “Nombre del preso y número de preso”, u otras cosas similares, en algunos incluso venía una reseña que venía a ser un historial psiquiátrico o bien carcelario. Parecían tener algún tipo de patrón, y todos los pases habían sido imprimidos por los propios clientes desde la página web que anunciaba el local bajo el propio nombre del pub. Posiblemente las reservas para entrar se hacían vía internet. En la entrada aparecía el nombre, edad, altura, sexo, estado civil y número de autorización en código de barras. El carcelero leía el código con un lector, verificaba que era correcto y dejaba pasar a la gente.



-          ¿Pero dónde me has traído, Jan?



Jan rio alegremente y dio una palmada en la espalda a su amigo.



-          ¿A qué impresiona, eh? Pues aún no has visto el interior – dijo acercándose a la puerta y entregó un pase que colocó en el cuello de Mel y otro se lo puso él - Vamos, que nos toca.

-          ¿“Permiso de Vis a Vis”? – preguntó Mel leyendo su entrada – y el tuyo: “¿El amo del calabozo?”



Efectivamente el bar por dentro era increíble. Estaba decorado hasta el último detalle. Había máquinas de tortura por un lado ambientando la sala, vigas de madera o metal, cadenas colgando del techo, puertas con reja, algún maniquí muy bien definido colgando del techo,… Por otro, la barra del bar era parecida a los comedores de los hospitales psiquiátricos antiguos. Por un lado, había una garita donde los clientes pedían la consumición y les entregaban un ticket. Y con ese ticket luego ibas a otro mostrador donde te daban lo que habías pedido. Esto era si querías pedir en barra, pues también podías pedir en las mesas y venían camareros o camareras vestidos de enfermeros también de psiquiátrico carcelario. Había algunas pantallas de televisión, donde se podía ver películas sin voz de terror, tanto antiguas como modernas. Y las paredes tenían unos grandes ventanales reforzados con metal y atornillados, a través de los cuales, se podían ver unas ilustraciones bastante realistas de diferentes personajes de ficción de películas de terror.



Jan y Mel se sentaron en una mesa vacía. Las sillas eran las típicas de hospital, y la mesa era una mesa de autopsias. Incluso había una que una de las sillas tenía correas de sujeción y al lado de la mesa utensilios para una lobotomía y otra preparada para electroshocks. Era un lugar interesante y algo retorcido a la vez. Luz tenue por un lado ideal para charlar; y de vez en cuando algún foco que se encendía de pronto, se paraba la música ambiental, bajaba la intensidad de la luz y los Ojos de Sauron comenzaban a buscar en el bar al compás de una nueva sonata de terror y dance, y en una pequeña pista de baile la gente empezaba a animarse y moverse al ritmo de la música.



-          Joder, Jan, te has superado esta vez

-          Bah, tonterías – contestó Jan quitando importancia

-          ¿Has traído a Ia a este sitio?  - pregunto Mel todavía asombrado y mirando cada detalle del local. Les acababan de servir dos jarras de cerveza casi glacial. Miró con curiosidad unas cadenas y grilletes en la pared y algunas esposas en alguna mesa. Se preguntó para que se utilizarían.

-          Colega… - Jan sonrío, levantó la jarra e hicieron un brindis – no creo que a ella le gustara. En realidad quería enseñarte este bareto para que trajeras a Chili en tu cita, seguro que a ella este sitio la pone.

-          ¿Mi cita? – Mel río – Pero si es súper borde… me ha rechazado un montón de veces… mira que le pongo todo mi encanto, pero…

-          Calla ya, tío, disfruta del sitio. ¿Es ideal para ligar, no crees? Todo el mundo lleva algunos datos personales escritos en los pases de entrada, algunos incluso añaden datos opcionales, como el número de teléfono – dijo sonriendo Jan.

-          Tu no cambias… - sonrió y bebió de su jarra, exclamando asqueado de lo que bebía - ¡Esto sabe a pis! ¡El sitio es guay, pero la cerveza es orina de barril! – de nuevo, el sentido del gusto traicionaba al pobre de Mel.

-          La cerveza es buena, colega, y yo soy fiel a Ia, pero mi simpatía es innata– Mel ponía caras extrañas después de haber catado la cerveza - Pero déjala a un lado y pide otra cosa si no te gusta, tío… no te tortures más…



Mel pidió otra copa para tomar. Pidió  una mezcla extraña de bebidas. Continuaron la velada rememorando viejas historias y hablando de proyectos de futuro.



-          Este sitio le encantará a la “rarita” de Chili, ya verás… yo hablaré con ella. Seguro que te da una oportunidad y te podrá conocer de verdad, amigo, aunque de sinceramente, no sé qué ves en ella. Esta buena, sí, no te lo negaré, pero tiene un carácter… no la has visto en los ensayos con su grupo – Jan miraba de reojo a las camareras, el alcohol comenzaba a hacer efecto después de beberse su cerveza y la de Mel – Le regalaré la calavera de cristal que encontramos en la Antártida, esa que tanto le gusta… seguro que así te concede una cita romántica -  dio otro sorbo a la jarra.



Una de las camareras  le guiñó el ojo y le pasó una nota a Jan junto a una nueva jarra de cerveza y se retiró para seguir con su trabajo.



-          Pero si es… - Mel miró a la enfermera. Con aquel vestido blanco ceñido, el pelo recogido bajo un gorrito ridículo y la ausencia de maquillaje, no la había reconocido, pero fijándose mejor se dio cuenta de que era Ia.

-          ¡Si tío y mira lo que pone en la nota: “mi turno acaba a las 2.00 h, guapo”! – dijo Jan con una sonrisa de oreja a oreja.

-          Joder, nunca entenderé el rollo raro que os traéis entre manos vosotros dos – y también río a carcajadas – ¿por lo menos, me acompañareis a casa de Pai Mei, no?  














Estos son unos dibujos, que hace unos años hice como ejercicio de ilustración. El tema era ambientar un bar o local atípico. Inventar el tipo de local, ambientación y que tipo de decoración tendría.

jueves, 19 de junio de 2014

Toda ayuda es buena

- ¡Guau! ¡La puta caña!
- ¡Ni que lo digas, tío! ¡Fosco es un compositor de la ostia! ¡Y Chili a su lado, con su voz dulce y melódica frente a la bestia de Nuke y su garganta infernal… me pone los pelos de punta!
- Vamos, Bloody, el Noctambul está por esta calle.

La pareja llegaba a la cola que había en la entrada del local. Eran los últimos, pues apenas había nadie en la entrada salvo Jan que trabajaba esa noche como guarda de seguridad  y dejaba pasar a las últimas personas después de un objetivo cacheo.  Los dos jóvenes iban vestidos de gala para la ocasión. Él, tejanos ajustados en negro y algunas cadenas, botas con tachuelas metálicas, camiseta negra de rejilla y chupa negra de porte agresivo. Ella con unas botas de suela gruesa y caña alta hasta las rodillas y un laborioso entrecruzado de cordones, medias transparentes y sobre estas otras de rejilla, color rojo, con forma de telaraña y arañas. Una minifalda acompañada de un cinturón con una calavera, y un ajustado y escotado top.  Y los correspondientes complementos de anillos, pendientes, aros, pircings y brazaletes. El grupo de Chili estrenaba las últimas canciones de su grupo underground y ellos no querían faltar a la cita.

Bloody y Angelblood se sintieron por un momento, bajo aquella fachada de siniestros adolescentes rebeldes y oscuros, intimidados por la imponente pose de Jan y su objetivo registro. No llevaban nada para ocultar, pero si hubiera sido así lo hubieran entregado pacíficamente y sin rechistar. La única pega posible podría ser que les pidiera el DNI.

- Bien, chicos. Todo parece en orden. Portaos bien y no habrá problemas, ¿ok? – asintieron los dos adolescentes dispuestos a entrar. La puerta ya se había abierto dejando salir el potente sonido del interior y su ambiente – Ey, un momento… - puso una mirada suspicaz - ¿Me podéis enseñar vuestros documentos?
- Venga ya, tío… si tenemos casi veinte tacos, ¿nos vas a pedir el carné? Hay que joderse… - dijo Angelblood.
- Me importa una mierda si te jodes a ti solito, ella a ti o tu a ella, “tío”. ¡Venga, esos carnets! – dijo Jan con una bonita sonrisa en los labios.
- Eres encantador, colega… - dijo Angelblood entregándole su carné y su acompañante lo imitó.

Después de un examen riguroso Jan soltó una gran risotada y cerró la puerta de entrada bloqueando el paso. Los dos jóvenes se dieron cuenta de que estaban en una situación delicada y echaron un paso atrás.

- ¡Qué jodidos cabrones que sois! El tuyo sí que es legal, tío, pero el de tu amiga es muy bueno… jodidamente bueno. Uno no puede pasar, pero la otra… ¿sabéis que se os puede caer el pelo, verdad?
- Venga, tío. Déjate de historias, o nos dejas pasar, o no, pero no nos vaciles, ¿vale?  – Angelblood empezaba a perder la compostura.
- Además… te podemos pagar un poco más por la entrada… - dijo la chica
- No os puedo dejar pasar, y además debería llamar a la poli… ¡pero qué coño! – Jan recapacitó -  ¿De dónde lo has sacado?

La situación mejoró. A Jan le interesaba la información; en la situación actual en que vivía infringiendo la legalidad y teniendo que ocultar su identidad a tres organizaciones secretas le podía ser útil aquello. Y ya de paso, para Ía y su hermano Danvel. Así que al final pudieron pasar para disfrutar del concierto a cambio de un poco de información y algo de dinero extra para sobornar al guardia de seguridad.

- ¡Eh, un momento…! – Les gritó Jan cuando ya entraban - ¿Por qué no me compráis un par de camisetas y alguna para regalar a algún amigo? – dijo guiñando el ojo y señalando unas camisetas que había en la entrada del pub expuestas – las hace un colega que se gana la vida con eso y está empezando… toda ayuda es buena…



Esto es un dibujo estilo portada de disco, que al final lo edité un poco para estamparlo en una camiseta. Esta inspirado en un grupo de música ficticio, que pertenece a una saga de un juego de rol ambientado en la actualidad, aunque algo cambiada, decadente y oscura, y no carente de sucesos sobrenaturales. El juego de rol se llama Withcraft. 

lunes, 2 de junio de 2014

Un Sant Jordi peculiar

"Ia estaba esperando junto al monumento de Cristóbal Colón al final de la Rambla de Barcelona. Una cantidad ingente de turistas y habitantes de la ciudad paseaban disfrutando de aquel magnifico día. Un día radiante y luminoso. Había muchas paraditas donde se vendían libros, y mucha gente apelotonada en cada uno de los stands; amigos, familias y sobretodo parejas que curioseaban los títulos de los volúmenes expuestos y casi todo el mundo se llevaba un ejemplar como mínimo. No importaba el tema: novelas históricas,  amor, ciencia ficción, fantasía, novela negra,… lo importante era que al menos ese día, la chica le regalaba a su chico un libro y este a ella una rosa como muestra de amor y cariño.

Por fin Ia vio llegar a su chico al lugar de la cita. Llegaba tarde. No le sorprendía. Siempre estaba liado en algún asuntillo del que no quería hablar y ella tampoco necesitaba saber más.
- Hola guapa! – saludó Jan a su chica. Ella le respondió con una tímida caída de ojos y un “hola” susurrado. Él la tomó con sus fuertes manos por la cintura, se aproximaron y le dio un cálido beso.
Sólo Jan la había hecho vibrar. Su vida no había sido un paseo por las nubes nunca y cuando lo conoció, fue como volver a nacer. Ningún mal vivido, ni su precaria situación de vida y la de su hermano, refugiados en Barcelona de Serbia, eran importantes cuando estaba a su lado.
- Toma, Jan. – Ia le dio un paquete envuelto a su chico, este lo abrió sorprendido - Ya sé que leer no te va mucho, nunca te he visto leer un libro, ni tan sólo el periódico pero… me han contado que hoy es típico hacer este tipo de detalle a la persona que quieres y…
- Joder, tía… no me lo esperaba – el motero de chupa de cuero puso los ojos en blanco – muchas gracias – terminó de desempaquetar el libro - ¡Guau! ¡Es genial! ¡Es un.. una “Guía de Supervivencia en Lugares Extremos: Antartida”!
- Bueno… en realidad no sabía que libro regalarte, no sé cuál es tu historia de la infancia preferida o el libro que te marco, así que he pensado en regalarte un libro práctico. Espero que te sirva a ti y tus amigos en vuestro viaje.
- Jajaja – Rio Jan alegremente sorprendido – esto no me lo hubiera esperado nunca. Pero yo no tengo nada para ti, sinceramente, pensé que estos rollos no te iban y la verdad es que a mí tampoco… no soy un tipo muy romántico, lo siento – confesó avergonzado.  
Ia no se sorprendía. Tampoco llevaban saliendo mucho tiempo. Y la relación tampoco era del todo seria. Sus vidas no eran fáciles.
- No te preocupes, cariño, no pasa nada. Tampoco el libro es una maravilla – dijo Ia apartándose un mechón de pelo de su rubia melena.  
- Bien, pues nada entonces. Todo arreglado. Vamos a pasar un momento antes de ir a cenar por el bareto, ¿vale? Le prometí a Raven que pasaría para arreglare una cosilla del local.
Ia accedió fácilmente. No le apetecía pasar por su lugar de trabajo un día que estaba cerrado y libraba, pero su chico siempre iba corto de dinero, igual que ella, y cualquier trabajo extra era siempre bien recibido. Llegaron en poco tiempo. Jan tenía su moto aparcada muy cerca y en pocos minutos llegaron a la puerta del pub. Jan abrió la puerta trasera. Estaba oscuro. Aquel local de ambiente gótico parecía un mausoleo a cualquier hora del día. Jan la acompañó hasta la barra y le dijo que esperara. Ella no necesitaba mucha ayuda, era bastante ágil y tenía muy buena vista, pero su chico era todo un caballero. De pronto una música ligera y agradable empezó a sonar de fondo. Un aroma a rosa que no parecía provenir de ningún lugar se esparcía por todas partes. Las luces de ambiente se encendieron. El suelo del local estaba cubierto de pétalos de rosa dibujando un sendero hasta una mesa individual iluminada por la luz candida de unas velas. Jan apareció a su lado, la tomó de la mano y la acompaño hasta la mesa. La ayudó a sentarse.
- Esta noche, tú serás la invitada de esta casa. Tú serás la estrella. Tú eres especial para mi – Jan sacó de algún lugar oculto un hermoso ramo de rosas rojas y se lo ofreció – Feliz Sant Jordi.”

 He aquí un dibujo de Sant Jordi con un estilo infantil y desenfadado. Es también de hace unos cuantos años. Creo que es el primer Sant Jordi que he pintado. Poco a poco, pondre cosas antiguas, hasta llegar a la actualidad  :)




sábado, 31 de mayo de 2014

Basajaun

"Aquella noche, como tantas otras la niebla había bajado sigilosa por la ladera de la montaña hasta cubrir por completo el seno del bosque de Irati. La oscuridad estaba presente junto a ese halo brillante de luz generado por la una luna en el horizonte. Los dos amigos, miembros de la Orden Rosacruz se estaban internando en la espesura. Un mapa, una brújula, un cuchillo, una linterna, ropa de abrigo y sus sentidos sobrenaturales activos al cien por cien. 

- ¿De verdad crees que vamos a encontrar a esa criatura? - preguntó Mel, el más bajito de los dos, de pelo revuelto y castaño.
-  Ni puta idea, colega... se esconden muy bien esos cabrones... - contestó Jan apuntando el potente foco de la linterna hacia un árbol de corteza áspera y dura.
- Quizá si hiciéramos una invocación... tal vez acabaríamos antes. Son útiles para llamar la atención de espíritus, y es guay, es una excusa para practicar la magia.
- Tio, estas como un cencerro. Todavía sigo acojonado por lo que apareció la última vez que lo hicimos... Ese matojo de ramas verdes andante no debe andar muy lejos, demosle una oportunidad a mi intuición, ¿vale? No llevamos mucho tiempo con el rollo este de la Orden, más vale no volver a cagarla. 
- Basajauuuuun... el hooombre árboool...

Dijo Mel con voz profunda. Jan lo miró. Enfocaba hacia su cara el foco de la linterna desde abajo, proyectando las sombras típicas de una película de terror y dando a su rostro un aspecto fantasmagórico. Jan lo imitó divertido y empezaron a reír en medio de un siniestro bosque en el que tan solo se escuchó después de sus risas, un estruendoso crujir de ramas viejas como si fueran los engranajes del bosque."




Este es otro de esos dibujos antiguos... una visión personal de un Basajaun. Lo dibujé cuando recreaba criaturas sobrenaturales de la Iberia Mítica.